jueves, 29 de julio de 2010

Washington Dulles Airport

Tras ocho horas de vuelo y un auténtico master en vida norteamericana por cortesía de mi compañero del asiento 12C, he llegado al Washington Dulles Airport. El primero en tamaño y a 40km de la ciudad, seguido por el Ronald Reagan, éste sí, en todo el centro. Han sido dos horas de aprendijaze intensivo sobre el way of life americano, país que voy a pisar un rato, y que veré a través de las ventanas de la terminal. Pero empiezo aprendiendo: no pedir nunca una beca en Washington DC. Es aburrido.

Con un meatball sandwich, que de pequeño tiene poco a pesar de lo que dice el dependiente, me dispongo a explicaros la fauna y flora del lugar. Así, me convierto por un rato en mi padre y empiezo a practicar uno de sus deportes favoritos, el cotilleo. Y en una terminal internacional como ésta, da para mucho. Al final el transfer se me hace hasta corto.

La flora es fácil, moqueta azul punteada con líneas de color crema que te señalizan todo. No pase la línea amarilla te dicen, que te dan ganas de empezar a explicarles los colores, porque una se vuelve loca buscando el supuesto amarillo y nada. Y luego tenemos varios restaurantes, entre ellos, cómo no, un par de Starbucks. Es lo primero que te encuentras. Gracias a él, tú eres capaz de diferenciar la fauna americana (US Citizen) de los demás mortales. (He de decir que he hecho un gran esfuerzo y para que no me confundieran, ni me he acercado aún al mostrador, creéroslo).

La fauna es más divertida. Primero tenemos al empleado de raza negra, mayor y entrañable, más típico del mundo del jazz que de un aeropuerto. Tiene unas gafas que debió heredar de su bisabuelo, y que estoy segura no le solucionan los problemas de visión. Más cuando te das cuenta que lleva el cristal roto por el centro y que ha decidido unirlo con esparadrapo. Del marrón, que es opaco.

Luego tenemos al típico americano de los que, según mi hermano, hacen con molde. Un 4x4 que no encuentra mejor lugar que el sillón que tengo delante ahora mismo, para levantarse la camiseta y echarse desodorante de roll-on. Ahí, restregando bien. A su lado, tenemos a las dos niñas rubias con ropa rosa y de purpurina que se han olvidado que hay que calzarse. Las uñas las llevan perfectas, eso sí. Y es que divinas siempre, aunque no tengan más de cinco años, si se trata de hacer un tour por toda la terminal con mamá, y sí, descalzas.


Dos bancos más al fondo tenemos al que se cree pirata. Literal. Yo quiero vivir aquí si te dejan ir así disfrazado. Y luego es a mí a quien pregutnan si traigo drogas al país, ¡si se las ha tomado todas este crack, no le ves! No le falta detalle, gorro Jack Sparrow y los tatuajes típicos. Estuve a punto de pedirle que me dejase raspar, a ver si eran calcamonías. Imposible conseguir algo tan real.


A mi lado, sin parar de mirar mi netbook, no a mí, pues deben estar alucinando con mi Ñ en el teclado, están los rubios que se han pasado con el bronceado. Por supuesto, su destino es California. Y por último, el que no me atrevo ni a mirar, lleno de tatuajes, cadenas de oro y repeinadito para atrás. Éste no ha pasado por la aduana, el perro se hubiese vuelto loco fijo. Estoy por juntarlos a todos y pedirles una foto.

martes, 20 de julio de 2010

Por qué decir no a la re-decoración

Pasar demasiado tiempo sentada en tu cuarto mirando a la pared te hace remplantearte todo, y lo primero, la decoración. Pasar demasiado tiempo en tu habitación, es malo. Al final, cambias algo.

Esta vez he tenido suerte, y han sido unos pocos algos. Que en otras ocasiones me ha dado por mover un par de libros y he acabado cambiando los cajones de zapatos por los juegos y disfraces, y lo que iban a ser diez minutos de re-colocación se convierten en diez días de desesperación, porque las cosas ya no cuadran y no puedes volver al estado inicial. Ejemplo de lo explicado, el baúl de los bolsos. A mi padre le entra un ataque de caspa cada vez que lo ve. Pero aseguro que no hay otra forma.

El otro día decidí controlarme, y si sólo quería poner un par de cuadros nuevos en esa pared con cualidades inspiradoras, lo que necesitaba era mover un póster. Pues ahí pensaba quedarme. Y encontré el lugar perfecto, o eso pensaba yo. Audrey Hepburn mirándote fijamente. Y a mí se me ocurre plantarla a los pies de la cama. Una, que con este calor tampoco es que duerma a pierna suelta, y creo que somos varios, pues se despierta para beber agua. Y ahí estaba ella, observándome. El susto que me pude llevar me hizo replantearme, muy seriamente, el ponerme manos a la obra con esa re-decoración de nuevo, y esta vez no poner límites.


domingo, 4 de julio de 2010

Hábito veraniengo 2

El calor en Madrid es, a día de hoy, agobiante. Lo nuestro es quejarnos, por todo. Si llueve, porque llueve y el día es asqueroso. Si hace frío, es que la madre naturaleza quiere castigarnos con un invierno eterno, que parece solaparse con el curso bolonio que hemos sufrido. Sí, sufrido. Y si nos trae el verano, porque nos trae demasiado verano. La cosa siempre es quejarse.

¿Segundo hábito objeto de recuperación? Desafiar el calor del foro. Café con hielo o smoothies, desesperada búsqueda de la sombra (por mínima que sea, y aunque tengas que cruzar la calle quince veces), cesped y abanicos, risas y que pase el tiempo sin darte cuenta.




Pleno

Y un pleno, plenísimo. Curso post-erasmus, de por sí duro. Diecisiete asignaturas para aprobar y un practicum que no buscaba. Creo que no lo pensé lo suficiente, pero debe ser que a mí me enseñaron a tirarme de cabeza a los cinco años y conservo la manía.

No voy a mentir y decir que no he dudado de mí misma en ningún momento, porque ya tengo bastante trauma con mi nariz, como para hacerla más grande. Pero sí que es cierto que Junio lo cogí con decisión. Como cuando te tiras al agua y nadas, una hora tras otra, aunque ese día cueste, porque tienes un objetivo claro y piensas cumplirlo. Y ahí está, final de temporada, todas aprobadas y un practicum hecho. Suma y sigue, que ya queda menos.

¡Gracias a todos por aguantar mis ataques de histeria, mis "qué mal lo llevo todo", mis dudas para no presentarme a 24 horas de un examen o mi necesidad imperiosa de fichas un domingo!

viernes, 2 de julio de 2010

Hábito veraniego 1

Un mes de vacaciones, menos. Retomar hábitos es lo que me he propuesto para los días que me quedan por Madrid, de momento. El primero de ellos, un buen libro. He empezado por uno ligero, que la cabeza a veces, también necesita ponerse en modo low cost.

"Parejas prematuras, parejas ancladas en el tiempo, parejas que aún no sabían que eran parejas, ancianos y ancianas con sus manos llenas de historia y sus arrugas llenas de pasado buscando los triángulos de sol, soldados engalanados de prestancia, criadas de impoluto uniforme, institutrices con niños y niñas pulcramente vestidos, matrimonios con sus hijos recién nacidos, matrimonios con sus sueños recién gastados, solteros y solteras de miradas esquivas, solteros y solteras de miradas procaces, guardias, jardineros, vendedores..."

Kafka y la Muñeca Viajera
Jordi Sierra i Fabra