miércoles, 28 de diciembre de 2011

Amor en noche de fin de año


31 de diciembre. Nochevieja. Fun fun fun. Así es, entre todas las películas que la cartelera nos ofrecía estos días para hacer nuestra tradicional noche de cine navideño en familia, la elegida no podía ser otra: Noche de Fin de Año (New Year’s Eve).
Algunos teníamos muchas ganas de verla desde que mi hermano Mario se dedicó a publicar en los muros de facebook el tráiler. Antes del verano incluso. Por fin llegó a las salas este film al estilo de Love Actually, una de mis preferidas y película por excelencia sin la que no concibo la Navidad. Puedo verla mil veces, me encanta. En New Year’s Eve las historias se entrecruzan de una forma muy parecida, pero cambian Londres por Nueva York. Y Nochebuena por Nochevieja. Me quedo con la de Londres, por supuesto. Pero ésta también es genial. Ya tenéis regalo que hacerme.
Los personajes, todos ellos en manos de actores y actrices conocidos, se presentan en pocos minutos al inicio de la cinta. Uno detrás de otro. Poco a poco, y más bien al final, empiezas a ver la conexión entre ellos. No hay secundarios. Y por muy pequeño que sea el papel, la cara es conocida. Como la madre millonaria, y graciosísima, que no se cree que su hijo haya madurado y que quizás vaya en busca de una cita pendiente; o el electricista de Times Square de cuyas manos depende el éxito de la velada. Incluso, el soldado que vemos a través de la pantalla del ordenador cinco minutos, sabemos quién es.

Cuando salimos del cine, empezamos a decidir con cuál de las historias se quedaba cada uno. En Love Actually yo me debatía entre la de Hugh Grant como Primer Ministro británico y su secretaria, o la de Liam Nesson como padre viudo de un hijo, de no más de diez años, al que se le escapa el amor de su vida. Y me quedé con ésta. En New Year’s Eve aún sigo dudando, creo que no puedo quedarme sólo con una. Aunque simpatice con ese “¿quieres ver qué es esperanza en un hospital el 31 de diciembre?” Y sí, son todos los recién nacidos en ese día, entre los que me incluyo. Me gusta la historia de esos dos nuevos bebés que llegan. Pero también la de la vecina del 5ºB que se queda encerrada con un freak en pijama, la de la estrella de música que abandona a su prometida y la intenta recuperar un año después, (porque, según dicen, las segundas oportunidades tienen hasta medianoche), la de la hija que va a cumplir el sueño de su padre a contrarreloj, o la del joven que ayuda a cerrar los asuntos pendientes de una no tan joven. En fin, ¿puedo quedarme con todas?

martes, 27 de diciembre de 2011

De cómo se mide el dinero por un erasmus


Un Erasmus dura seis meses o un año, depende de la suerte que tengas. Yo fui de las afortunadas. Precisamente este blog nació como forma de contaros mis peripecias durante esta beca de intercambio en París hace ya varios años. Una experiencia en la que todos queremos vivir para siempre. Pero la realidad ya se encarga de decirte que no puede ser. Yo creo que todos los que hemos sido erasmus en algún momento, no dejaremos de serlo nunca. Aunque quede ya poco de las tonterías que te permitías entonces, tu cabeza siempre tendrá una especie de bombilla que, de vez en cuando se ilumina, y te hace pensar como cuando lo único que importaba era qué plan había para ese jueves noche.

Ayer por la tarde, volviendo del gimnasio con mi hermano, me di cuenta de que echo de menos esa bombilla y me entra la risa cuando se ilumina. Hablábamos del precio de las clases de paddel del Polideportivo que hay cerca de casa y que, haciendo la suma anual de cada cuota, llegabas a pagar 720 euros. Algo que nos parecía caro. No sé qué asociación haría mi hermano, pero la mía fue sencilla: 720 euros es un billete de avión a Sudamérica o dos, si lo que queremos es ir a Nueva York. Y ahí está, eso es la bombilla erasmus. Todo se medía en billetes de avión. Y yo, lo sigo haciendo.

No comprar salmón ahumado era el billete de avión a Pisa. Y no salir en ese fin de semana el hostal de Dublín. Siempre que debíamos ahorrar nos consolábamos pensando en eso, en que el ahorro era el billete de entrada para algún lugar del mundo, lo hubiésemos visto ya o no. Y para mí, sigue siendo así. Resaca erasmus. Si no me compro algo que quiero o no salgo un sábado es porque pienso en el viaje que estoy ayudando a conseguir. Aunque seamos sinceros, a veces no me apetece y punto. Pero incluso cuando esto ocurre, mi cabeza piensa: bien Marta, piensa que ahorrándote lo de hoy, te vas a esquiar mañana. O a Londres en enero, o a París en febrero o, por qué no, a Buenos Aires en marzo.

Lovable


lunes, 26 de diciembre de 2011

Lunes indignado


De indignación me toca este lunes. Esto es así. Indignada en general. Ya sabemos que es algo que está de moda desde mayo, con aquellos jóvenes que se sentaron en la Puerta del Sol. Así que, ahora puedes indignarte tranquilamente y decirlo, soy una indignada. Luego te mirarán mejor o peor, pero ya te has caracterizado. Que desde entonces, es una palabra con cuerpo propio. Pues sí, el 26-D me declaro indignada.

En primer lugar, porque no entiendo qué tengo que trabajar yo en este día. De verdad, qué necesidad tiene España de que yo sea productiva. El paso de universitaria a recién-no-universitaria tendría que ser menos duro. Además, la más pequeña de todas y la primera en entrar. A oscuras, ¿es algún tipo de broma?

Segundo, las ganas que tiene el mundo de ensañarse en estas fiestas. La gente es buena, se embarca en un avión desde el otro lado del Atlántico y no le respetan. No le dan ni dos minutos para una mirada. No hay derecho tampoco. Y no me vale con un “la vida es así” porque entonces me indigno todavía más y me siento sola en esa Plaza del Sol. Prometo que trepo hasta el balcón de Isabel Pantoja en el momento de dar las uvas y hago cualquier burrada. Que esto de la Pantoja me indigna también.

Los sorteos de la Copa del Rey. Vamos a ver, ¿es que no podemos estar tranquilos ningún mes? Ya desde enero con agonía. Si ganamos al Málaga y el Barça al Osasuna, doble clásico en dos semanas. Otra vez. Y no a partido único como venía siendo habitual en la competición, no. Este año doble partido, aquí y allí. Miedo me da el sorteo de la Champions League, que ya no me fío de nada. De verdad, no puedo más con otro Mou versus Guardiola. Hablemos de la pelota vasca un rato, no sé.

Y luego los
regalos graciosos. Todos sabemos lo caro que está el cine últimamente. Imaginaros qué alegría cuando Kinépolis te manda una invitación para la película que elijas a tu bandeja de correo electrónico. Empiezas a leer: “Señorita Marta, le invitamos al cine por su cumpleaños, bla, bla, bla, foto, imagen que no se puede imprimir, bla, bla, bla, que podrá utilizar el día de su cumpleaños. Acompañe esta invitación con su DNI para acreditar la fecha”. ¿Qué coño quieres que haga yo con una invitación para el día 31 de diciembre? ¿Es que abre el cine para mí? Osea, que Nochevieja no sólo ha decidido compartir protagonismo conmigo, sino que además, me impide disfrutar de mis regalos. Que no sabes tú el ahorro que supone que te inviten al cine. Y hay mil películas que ver antes de la entrega de los Globos de Oro en enero y los Oscars en febrero. Pues nada, gasto tinta de la impresora para nada. Me dirás tú cómo le digo yo a mi familia que no ceno con ellos, que tengo que ir al cine. ¿De verdad, son idiotas?

domingo, 25 de diciembre de 2011

Un completo lo siento

Soy consciente de que hace un mes, más o menos, os prometí postear mi escena favorita de la semana cada viernes. Ni hoy es viernes ni he cumplido mi promesa. Pero sí es domingo de Navidad, estoy tirada en la cama para intentar hacer la digestión lo más tranquila posible y, por qué no, me apetece. Así que voy a colgar esa escena ahora.

La serie en cuestión es Gossip Girl, un grupo de amigos del Upper East Side (NYC), con una tarjeta de crédito que parece no tener límite. Un ritmo de vida que, no es que yo no lo quiera seguir, es que creo que muero al tercer día: tacones, vestidos imposibles, champagne y fiesta tras fiesta. Yo, personalmente, acabo con un esguince mental y de tobillos. La serie se encuentra en lo que se llama el "mid season", o lo que es lo mismo, ponerte un personaje al borde de la muerte, porque es mitad de temporada, y dejarte con el ansia hasta que vuelve un mes más tarde. Son ganas de martirizarme.

Como echo de menos ver un capítulo por semana, estos días me he puesto los últimos. Él la abandonó, y ella ahora está prometida con un príncipe europeo. Por casualidad, volví a toparme con esta escena que me pareció genial. Por su sinceridad, por la elegancia de él y la sorpresa de ella, que queda paralizada; y por qué no, porque es lo que todos estábamos esperando.


video


miércoles, 21 de diciembre de 2011

Sueñas lotería


martes, 20 de diciembre de 2011

Lotería Navideña para 2011


Tengo un debate interno bastante importante. Cada año me planteo si la Navidad comienza en el Puente de Diciembre, cuando casi todos adornan sus casas, o el día 22, mañana en la que nos levantamos con la ilusión de convertirnos en millonarios. Y no me digáis que no, todos escuchamos a los niños de San Ildefonso esperando que nuestro número sea cantado como el afortunado. Es parte fundamental de las costumbres españolas para estas fiestas.

Este año, lo que llamamos el “gordo” (el gran premio) es más “gordo” si cabe; el portador de un décimo de lotería podrá ganar 400.000 euros para hacer realidad sus deseos. Que es precisamente lo que Loterías y Apuestas del Estado han querido transmitir este año. Una máquina que captura los sueños de la gente que, con cuidado y fuerza, llegan al bombo de las ilusiones. Quienes recogen esos sueños son, como no podía ser de otra forma, los niños. Aquellos que aún creen en la magia de la imaginación. Casa por casa, esperan con su brillante bola a que alguno de los que allí viven piense en un deseo concreto, y lo capturan rápidamente. Atraviesan un bosque secreto, cubierto por la niebla y con música propia, para llegar a la Fábrica de los Sueños. Los anotan en un libro de registro y de ahí, al sorteo. Mi padre dice en su carta que, este año, han acertado.

Loterías y Apuestas del Estado ha decidido recrear en un antiguo palacio de Madrid, situado en la calle Cervantes, el escenario del tan esperado anuncio televisivo. Un recorrido que empieza con un “¡Qué levante la mano quien tenga un deseo por cumplir!” Te aseguro que yo tengo muchos. Afirman que, al igual que esperamos cada año ver ese spot que nos recuerda el espíritu navideño, quieren mantener viva la ilusión de los españoles hasta la mañana del 22. No es sólo una actividad para niños, sino que todos podemos participar anotando nuestros deseos en el Libro Gigante de los Sueños. Como aquel árbol en el Retiro hace un par de años, en el que podíamos lanzarlos al aire. Por estas cosas, me encanta Madrid en Navidad; porque si quieres, haces que sea inolvidable. Y porque lo admito, es mi época favorita.

Si tenéis la suerte de sacar tiempo y pasaros por allí, avisadme. Os daré todos esos sueños que en pequeños papeles blancos anotamos mis primos y yo, y que guardamos en mi cofre de Campanilla, para ver si alguno es el afortunado este año. Y si no, no me preocupa. Gracias a las nuevas tecnologías, podemos descargarnos en nuestro Ipad o Android (algunos tenemos ambas cosas), una aplicación que nos permite mandar virtualmente nuestros deseos. ¡Yo pienso soñar! Pero además, si tampoco podéis hacerlo así, simplemente pensad fuerte en un proyecto de futuro que queráis hacer realidad. Y como en el anuncio que podéis ver en el siguiente link, (y que os aconsejo que lo hagáis), quizás tengáis suerte y alguno de esos niños se acerquen a capturarlo. Porque al final, se trata de eso, SUERTE. Y señores, este año sí; este año nos convertimos en millonarios







viernes, 16 de diciembre de 2011

Christmas tradicionales

El otro día os hablaba de postales, pero ¿cuántos Christmas habrá volando por el mundo para intentar llegar a tiempo? ¿Cuántos deseos de alegría y felicidad se estarán escribiendo en este momento? ¿Cuántas lenguas se estarán quedando secas de lamer tantos sobres? ¡Y que nunca se pegan! ¿Cuántas estrellas dibujadas? ¿Y cuántos buenos momentos pides compartir con los que quieres? ¿Serán suficientes? ¿Quieres hacer llegar un poco de luz? ¿O simplemente, salud, dinero y amor? ¿No lo harás por email no? ¿Cuántos Christmas escribes tú?


Definiciones de noviembre

El otro día revisaba el escritorio de mi blogger y encontré un grupo de definiciones que me dió por escribir en noviembre, ¡qué de tonterías se me ocurren!

Vergüenza
es cuando estás bailando en tu habitación a ritmo de Michel Telo, con el pijama, tus cascos rojos y una coreogrofía de infarto. Te giras y miras hacia la puerta. Y ahí está tu hermano, télefono móvil en mano, grabando la escena.


Inocencia
es cuando tu prima Sara de tres años llega corriendo por la cocina para agacharse y preguntarte, muy sorprendida: marta, ¿qué te han dibujado en el pie, tienes un dibujo? Yo quiero eso.

Prueba de vestuario
es cuando tienes un Jurado de tres hermanas (Carmela, Isabelita y Pilota, en confianza) para una correcta elección de conjunto. Ellas en un lado del pasillo de casa y tú, en el otro. Date la vuelta. Ponte las medias negras. No el otro pie. ¿A ver por detrás? No, no, otra vez el zapato gris. Ahora la sandalia. ¡Así no hay quien falle en la graduación!

Desastre
es cuando decides ponerte una estrechísima falda tubo por la mañana y todas las escaleras mecánicas del metro deciden pararse a la vez. Subir de lado, agota.

Y síndrome de persecución es lo que te entra cuando, otra semana más, Tamara Falcó sale en la portada de la revista Hola. Señora, ¿no se cansa usted de estropearme los desayunos de los miércoles?

jueves, 15 de diciembre de 2011

Buenas acciones navideñas


Muchos critican el buen hacer de las personas en Navidad. No es que no valoren que la gente sea más solidaria en estas fiestas, sino que no comprenden por qué no se comportan igual durante todo el año. Fuera de debate, está lo realmente importante: ayudar y punto pelota.

Esta mañana ha venido una compañera con una caja llena de calendarios de la famosa Fundación Prodis, que comenzó su camino en el año 2001. Es una institución sin ánimo de lucro, cuyo fin es mejorar la integración escolar, social y laboral de los niños y jóvenes con discapacidad intelectual. Y las fotos para 2012 me han encantado.

Han colaborado personajes famosos, como la selección de fútbol española, empresas mundialmente conocidas, como Starbucks, grandes almacenes, toreros, cantantes y cómo no, los niños a quienes se dirigen los beneficios que se obtienen con su venta. Son sólo cinco euros. Yo lo voy a proponer en casa, que en mi cocina siempre se cuelga uno, y os animo a vosotros a que si también tenéis costumbre y aún no habéis elegido cuál, ¡elijáis éste! Yo me encargo de llevarlos.

martes, 13 de diciembre de 2011

Colores en Central Park



¿Os acordáis de esa película en la que Richard Gere salía guapísimo, (aunque este no es el tema), y se enamoraba de una jovencísima Winona Ryder, aún sin problemas con la justicia por su adicción al robo compulsivo en grandes almacenes, (que tampoco es el tema)?


Otoño en Nueva York, una historia de amor que se va de paseo por el Central Park para dejarte con una imagen increíble de la ciudad. Y la idea en la cabeza de ir algún día, por supuesto. Poco me hace falta a mí para anotarme un rincón en mi libreta mental de Lugares Pendientes. Yo estuve allí este otoño y puedo asegurar que es precioso. 






lunes, 12 de diciembre de 2011

Las féminas de Moncloa


El mundo avanza gracias a los hombres y no se hunde gracias a las mujeres. No sé quién escribió esto, porque entre tareas pendientes y cumpleaños que recordar, no anoté en mi agenda el autor de tal afirmación. Aunque estoy segura de que fue un autor en masculino, porque algún hombre inteligente queda en el mundo. Esperanza, aún hay esperanza.

Así, he comenzado uno de los Christmas que voy a escribir estas Navidades. Uno que trata más de reconocer que de enviar buenos deseos, aunque también. Me gusta la mezcla “te doy gracias, espero que te llegue lo mejor”.  Pero es que cada vez estoy más convencida de lo que dice, sobre todo, con la persona destinataria de la carta.

En mi graduación, esa que por fin llegó hace unas pocas semanas, hice notar a todos con los que hablaba que, de los grupos de licenciados que subían a recibir la
beca, sólo en uno había mayoría de varones. En todos los demás ganábamos, incluso en algunos, éramos sólo mujeres. Y lo dije: el mundo que viene es nuestro. Aunque si lo pienso, puede que no sea así. La conciliación laboral sigue siendo una utopía en nuestro país y estamos acostumbradas a dejarle a él llegar arriba para formar una familia. Pero creo también en eso, en que les dejamos. A mí todavía no me ha llegado el momento de decidir, pero supongo que haría lo mismo. Una pena estar obligadas a tomar esta decisión.

Pero es algo cuanto menos gracioso el observar que esta premisa se cumple con el mismísimo Presidente del Gobierno, el que sale de
Moncloa en pocos días. Todos hemos leído que el artista del ejecutivo iba a emigrar a León, so pena de muchos, que lo hubiesen enviado a una de esas islas con nombre de mujer a las que mandaban a personajes como Napoléon. Caprichos del mundo moderno. Entre los mails que llegan a mi bandeja cada mañana, que aumentan por semanas, había uno con un enlace al diario digital El Confidencial, cortesía de mi compañera María. Una muestra sin límites de la nueva residencia en Somosaguas de D. José Luis Rodríguez Zapatero y familia. Al parecer, sus dulces hijas han presionado a papá presidente para que se queden en la capital, que no les gusta nada la vida en el campo. Mamá no se pronuncia. Papá hace de los deseos de sus niñas, órdenes. Según el artículo de la web de segunda mano donde se anunciaba, es una casa afrancesada; que yo creo no han elegido ellas, porque es todo colores claros y bustos romanos, flores y frescura. Está claro que no van a conjunto. Pero en fin, lo de desentonar debe ser cosa de familia. Ahora, yo firmaba ese armario.

De momento, ellas ganan en mi graduación y en Moncloa. Vamos poco a poco. Pero está claro que, aunque ellos tengan la palabra, parece que somos nosotras quienes estamos alzando la voz. Me gusta. Ahora, lo que yo me pregunto es dónde estaban estas dos mujeres cuando Papá se dedicaba a hundir otros barco
s.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Lo que aprendí en la graduación

Odio a la Decana, abierta y públicamente. Lo admito. En realidad, odio todo personaje de la URJC relacionado con la nefasta gestión que han mantenido durante los años en los que he sido alumna. No han podido hacerlo peor. O quizás sí, y yo no me lo quiero ni imaginar.

Aún así, escuché a la Decana al menos, en dos afirmaciones. Lo primero que nos aconsejó fue ser fan de nosotros mismos. Dentro de una sociedad gobernada por las redes sociales, no extraña que su Ilustrísima quisiera hacernos entender que la confianza y el amor propio debe ser el centro fundamental de nuestros movimientos. Pero como docente que es, buscó la forma más clara de entendimiento. Has de gustarte a tí mismo, has de ser el fan que se coloca en primera fila a gritar como un loco: fan en facebook. La complicación que yo encuentro es llegar a ese punto en el que ves que eres genial, y que no quieres ser otra. Que aún estando en construcción, te gusta el resultado que se vislumbra.


La segunda afirmación fue, en mi caso, más contundente. No la recuerdo literalmente, pero decía algo así: no dejes que nadie te ponga límites. En unos meses preguntadme si fue un error dejar que alguien, o yo misma, me los pusiese. Ese límite aparecía y tú simplemente mirabas, sabiendo que te frustaba y que no iba a ser bueno, sin mover un dedo por echar abajo esa pared. Pero insisto, la pregunta, en unos meses.

He aprendido además, que tu familia acude si la llamas, ya sea con su presencia, en forma de email o con su ilusión de diseñar un bolso estupendo. Que los reconocimientos llegan, sean vagos o efusivos, y que te sorprenden aquellos que no habrías esperado: un grito tonto mientras subes a que te impongan la beca o las palabras que cruzas con la madre de una compañera en medio de unas cañas. Se quedarán contigo.

Que hay vestidos que nunca deberían haber salido de los bocetos de papel, insulto a la vista. Que la elegancia se enseña más con el carácter y el saber estar, que con la ropa que llevas. Y yo la perdí, si es que tenía alguna, silbando como una camionera a mis compañeros. Y que puede ser verdad que exista algún tipo de 
karma mundial que, en el momento de la verdad, te demuestre que así no debería haber sido. Pongamos que hablo de un discurso.






domingo, 4 de diciembre de 2011

Bizcocho marmolado para estudiantes

Inspiración: melancolía universitaria mezclada con sentimiento de "abuela en casa". Algo fácil que saliese bien a la primera. Para una mañana de domingo sola en la cocina. Con un CD recuperado de tu sección de villancicos rockeros, en el que se mezclan U2, Elton John o Bryan Adams. A disfrutar en cualquier desayuno de la semana siguiente, un poco rara, que no nos deja entrar en ritmo ni olvidarse de la rutina.


La semana pasada recordé esos bizcochos marmolados de chocolate que sudan mantequilla por todos sus poros, y que para mí siempre han sido una compra vetada en el supermercado. Buscando algo que hacer, lo encontré en mi libro de cocina para estudiantes. Casero sería más sano. Y me apetecía volver a la cocina.

Ingredientes: 250g de mantequilla, 275g de azúcar, 1 sobrecito de azúcar avainallado y otro de levadura en polvo, 4 huevos, 2 cucharas de ron (que no os tiemble el pulso como a mí, que la liamos), 500g de harina, 1 pizca de sal, 125ml de leche, 30g de cacao, 2 cucharadas de leche, azúcar glas.
Cuando hayáis sacado la mantequilla del frigorífico, -no como a mí, que siempre se me olvida-, y hayáis recuperado el molde ideal para el bizcocho en cuestión del fondo del armario, -evitaréis un alud de tapas de plástico en medio de tu misión de remover la mezcla-; podéis comenzar:

1. Batir la mantequilla con el azúcar y el azúcar avainallado hasta obtener una mezcla espumosa. Incorporar los huevos y el ron.

2. En un bol aparte, mezcla la harina con la sal y la levadura. Removiendo, incorpora ésta mezcla a la anterior, mientras añades a su vez, los 125mil de leche.


3. Horno precalentado a 175ºC. Vierte 2/3 de la masa en el molde previamente engrasado. Un molde rectangular alargado y hondo. Mezcla el tercio restante con el cacao y dos cucharadas de leche y viértelo sobre la masa de color claro. Con el tenedor, mezcla ambas masas procurando formar un motivo en espiral. En mi caso, decidí dividir la mezcla en tres partes, echando la de chocolate en el centro para que quedase un círculo en el interior.


4. Cuece el pastel una hora en el horno, a media altura, y luego espolvoréalo con azúcar glas. Y ahora sí, podéis empezar a devorarlo aún caliente y diez minutos antes de sentaros a comer, como mi hermano.