miércoles, 30 de abril de 2014

Instagram resume Abril


Un mes de abril en el que los días ya son sí, cada vez un poco más largos, en los que disfrutas de la luz, de los tonos pastel y de los primeros helados. Porque ha hecho calor. Como en Semana Santa, que decidí quedarme en Madrid para ver, por primera vez, una procesión castiza, El Cristo del Gran Poder salir de La Colegiata de San Isidro. Para descubrir los nuevos lugares de la capital, como el restaurante de pizzas argentinas Picsa, y apuntárselo para futuras visitas, porque acertasteis. Y para conocer El Parque de El Capricho, en la Alameda de Osuna. Una visita no-imprescindible para cualquier turista, pero obligada para los que pasamos mucho tiempo aquí. Es precioso, todo un capricho (como bien indica el nombre) de una mujer con poder y título nobiliario que quiso unir en un sólo jardín todos los estilos de la época. 

Un mes de abril para estrenar los nuevos moldes de cocina. Llevar el resultado al trabajo y ver, al día siguiente, como son decapitados todos los Conejos de Pascua sin agradecimiento alguno. Y seguiré llevando, porque nunca aprendo. Una escapada rápida a Segovia con la familia para pasar un fin de semana con toda tranquilidad. Porque hace falta. Y porque Papá se merecía ese regalo. Y otro regalo, ese que se hace sin más, que se envuelve con cuidado y se piensa con esmero. Aunque yo lanzase una idea, es Mamá la que siempre está para todas. 

Un final de mes para tres momentos tremendos: la boda de mi amiga Marga, el reencuentro erasmus y el tomar conciencia de que el cambio tiene que llegar, de que disfrutar como antes es lo que merece la pena. La Final de la Copa del Rey en casa, con mis jugadores preferidos, aunque sumásemos más de once y el partido de ida de Champions Leage contra el Bayern de München, que no hacía más que presagiar lo que anoche vivimos. Han sido noches clásicas. Noches grandes. Noches para despertar la ilusión.   

Y a partir de ahora, sí, empieza a funcionar mi Calendario de Escapadas. 



lunes, 21 de abril de 2014

Intento de Oreo Cheesecake

Otro Manual para otro proceso de transformación. Esta vez, más propio que ajeno. Un poco inventado tras ver las lagunas que las recetas por Internet suelen traer. Algunas no, he de reconocer; algunas son buenas. Si unimos la disparidad de medidas americano-europeas, junto con la incongruencia en algunos de los ingredientes y sus instrucciones, sale un híbrido entre bizcocho-mousse. De sabor rico, pero yo iba buscando lo segundo. A continuación, el primer intento de Oreo Cheesecake. Seguiré intentándolo, no me rindo.

martes, 15 de abril de 2014

Manual Rápido para Cookies

Una de las tareas que tengo encomendadas en mi ámbito laboral serio, además de las muchas relacionadas con temas de auto-control, es la de hacer manuales. Me explico. Se trata de implementar una política a nivel global que nos permita demostrar que somos buenos chicos, que nos preocupamos por el medio ambiente (flora y fauna en su conjunto, se entiende) y que cumplimos unos mínimos normativos. Más fácil, los que quieren ganar dinero con este negocio me explican cómo lo hacen, si se controlan o no, y yo les comento lo que está mal y lo que está peor. Pero además, les damos consejos de cómo mejorar, que es de lo que se trata. De todo esto salen manuales y procedimientos que, si se siguen, la contaminación del sector disminuirá. Ahí entra esta tarea. Y como podéis comprobar, la facilidad de encadenar palabras aún la conservo. Me ha tocado. No, no me he vuelto loca. Aún. 

Los temas sobre los que versan estos documentos no buscan mejorar el planeta en el que vivimos ecológicamente hablando, eso sería hasta divertido. No trabajo en Greenpeace u organización que se le parezca. Me ha tocado jugar en el lado oscuro. Así que, cuando llego a casa, lo que me gusta es dedicarme al lado feliz del mundo. Como no tengo una blackberry y seguimiento imparable en mi tiempo libre (ni lo quiero), puedo hacer otro tipo de manuales. Ni veinte páginas llenas de artículos ni datos o ejemplos de elaboración de informes. Fotografías rápidas y sencillas, llenas de dulzura. Explícitas y que cuando las ves te dan alegría de trabajo bien hecho. Del que disfrutas. Me encanta el poder de transformación que tiene la harina, la mantequilla, el azúcar, un par de huevos y el chocolate. Estaban ricas. 



lunes, 31 de marzo de 2014

Instagram resume Marzo 2014


Además de un Día de la Mujer Trabajadora en el Museo del Traje, del que tengo pendiente una entrada, y de las últimas galletas que he hecho (¡de muerte!), Marzo ha sido un mes para ver la Primavera llegar e irse. Los castaños han florecido y los atardeceres empiezan a teñirse con alegres colores. He retomado mi vicio con el punto de cruz; algo sencillo. Y el de la cocina, con pizzas para las noches de fútbol. Vuelve Europa. He confirmado que cualquier plan con mi madre me encanta, incluida la jardinería. Cuando florezca todo lo que hemos plantado, si tienen a bien cumplir con nuestras expectativas amateur, espero poder enseñaros nuestras primeras flores.

Celebré San Patricio con mi padre y mi hermano, que les encanta apuntarse a toda fiesta nacional y extranjera, mientras veía ligar a mi madre. Disfruté de los Oscar en directo, tuve resaca y decidí (como cada año) que un día seré yo la premiada. Saqué el trench y lo llevé con mucho orgullo a la oficina. Es más, me atreví a pisarla en Converse, aunque fuese a la salida. Y no he dejado de intentarlo allí, día tras día, pero cada vez es más difícil levantarse y llegar con una sonrisa.



martes, 4 de marzo de 2014

Si yo entregase los Oscar 2014


A estas horas ya no soy ni novedad ni pretendo serlo. Ayer me pidieron que escribiese sobre la Gala de los Oscar de este año y, aunque no reconoceré nunca que cuando me levanté a las 06:30h lo primero que hice fue encender el Ipad y comenzar a necesitar nuevas pestañas en el navegador; voy a comentaros mis apreciaciones. Siempre en desacuerdo con los miembros de la Academia del Cine Norteamericano. Pero ellos saben; yo no. Quede por delante que no he visto todas las películas candidatas, pero como no soy miembro de la Academia, tampoco tengo la obligación. Ni entradas gratis o invitaciones para hacerlo. Que a mí, se me iría el sueldo siendo parte del Jurado. 

Foto: El País
Tenía mucho interés en que, por una santa vez, mis opiniones fuesen escuchadas y diesen a El Lobo de Wall Street el galardón a Mejor Película. Primera en la frente. No es que no me gustase 12 Años de Esclavitud, porque me pareció muy bonita, pero me quedo con la primera. A las dos les sobran minutos, aunque de forma distinta: a la película de Scorsese le sobran escenas al completo, a la ganadora lo que le sobran son segundos en cada escena. De verdad, me quedaban claros los sentimientos de los personajes con un ángulo rápido, no necesitaba una panorámica de las facciones de cada uno durante tres minutos. Además, se hubiesen ahorrado mucho presupuesto en fisioterapeutas para los cámaras. Que de ahí supongo le dieron el galardón a la Mejor Producción a Brad Pitt. Aunque sabéis que nunca diré que no a un premio a este hombre. Lo siento, me tiene comprada.

En cuanto a los actores premiados, Jared Letto Matthew McConaughey, me reservo la opinión hasta que les vea en acción. Mi apuesta, obviamente, era para Leo Dicaprio como principal y Michael Fassbender como secundario, que se come la pantalla. Aunque no niego el poderío que haya podido mostrar McConaughey este último año, (yo misma le he odiado hasta el momento indio-apache de El Lobo de Wall Street; y sí, de vez en cuando lo imito por casa), mi odio hacia su persona no se ha disipado del todo y Dicaprio le lleva muchos años de ventaja en su relación conmigo. Lo siento. A él también le odiaba, y el la caarpeta clasificadora de Titanic la llevé al colegio porque me la regaló mi padre y porque la película me gustó, pero no porque él fuese santo de mi devoción. Ahora sí, defiendo que es un actorazo enorme. 

De acuerdo estoy con el galardón de Mejor Película de Animación para Frozen, que me ha parecido una buenísima película de Disney, que vuelve a los orígenes, a las princesas e historias de colores, canciones, vestidos, etc. (Tengo alma de princesa). Y a su Canción Original por Let It Go. En este caso, igual son mis primas las culpables de que me la sepa tan bien. En cierta forma, ha sido nuestra canción de Navidad. Con respecto a los guiones, no me siento con la sabiduría suficiente como para impugnar los premios, pero echaré un capote por La Gran Estafa Americana, con la que me reí mucho. Al igual que con Mejor Director para Alfonso Cuarón, porque estando Martin Scorsese entre los nominados, (¿este señor siempre está no?), es como un premio de consolación. Te lo dan para que no lo llamen el premio del monopolio, o para dejar descansar al genio con tanto discurso. Llegará el día que no sepa qué decir; dadle tiempo a reciclarse.

Con respecto a los premios que Gravity se ha llevado, todos ellos técnicos, no puedo opinar, puesto que no la he visto. Pero he de admitir que (seguramente) la Mejor Fotografía es suya, aunque cuando vi Prisioneros con mi madre ya se lo comenté, y con 12 Años de Esclavitud también. Que seguro eran candidatas. Con el premio a Mejor Actriz Principal pasa lo mismo que con el problema del Mejor Director: cuando tienes a Meryl Streep en frente, sabes que te lo dan (si te lo dan) porque no quieres que te acusen de favoritismo, pero siempre será la mejor. Otra cosa es que Cate Blanchett, independientemente de no haber visto Blue Jasmine, me parezca otra actriz estupenda. Con orejas puntiagudas y sin ellas. Para las Actrices Secundarias no voy a decir nada; el día que reconozcan el grave error de incluir a Jennifer Lawrence este año, empezaremos a comentarlo. Ahora, el Prada de la ganadora del galardón, Lupita Nyoing'O, sí fue el acierto de la noche.

Sí, soy consciente de que después de todo esto no querréis venir a ver una película conmigo. Vosotros os lo perdéis, porque consigo las entradas más baratas y además, os ahorro muchas calorías
devorando vuestras palomitas. Y si queréis seguir escuchándome, pasamos a comentar el motivo de que Pe presentase un premio junto a De Niro, y la cara que se le debió quedar a éste cuando se enteró de quién iba a ser su acompañante. Misterios de la vida, como el por qué del Big Ban. El año que viene, me apunto al selfie.

Foto: El País

viernes, 28 de febrero de 2014

Instagram resume Febrero

El mes más pequeño. Ha pasado rápido. Un mes para probar el mejor brownie que recuerdas, en el estreno de muchas comidas que supongo, están por llegar. Un mes para ponerte en serio con la costura, con tu primer curso de acolchado, y dibujar patrones por las noches. Cuando domines tu máquina, serás imparable. Un mes para dejar de beber CocaCola, para pasear con Mamá por el centro de Madrid y por Plaza Castilla con medio brazo menos. Febrero para regalar bombones por San Valentín, poner piruletas en la oficina o recibir un precioso charm de tu, podríamos decir, alter ego en el Mundo DisneySiempre tendré a mi enamorado. En realidad, un mes de los mejores regalos; sí, de esos que llegan con notas, corazones y que buscan, solamente, demostrar (más si cabe), que importas: Para Marta, de Irene.


miércoles, 26 de febrero de 2014

El Amante del Volcán


"Pero no puedo perdonar a aquellos a quienes sólo importaron su propia gloria o bienestar, pensaba que eran civilizados. Fueron despreciables. Malditos sean todos ellos". 

En un artículo que el diario El País publicó en 1995, Rocío García narraba cómo Susan Sontag, autora de la novela, confesaba que "éste era su mejor libro" y que "se sentía profundamente orgullosa" de él. Confesión que hizo en la presentación que tuvo lugar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid aquél año. Juan Goytisolo, uno de los amigos que le acompañaron entonces, se refirió a ella como una "intelectual neoyorkina", adjetivo que le molestó y para el que no tuvo reparo en contestar. Ella se sentía mucho más europea.

Todo esto yo no lo sabía. Comencé a leer El Amante del Volcán por recomendación de mi tía Maritere, una de las personas que más libros me procura. No recuerdo cuál fue el motivo específico por el que rebuscó esta novela en su estantería para prestármela. Quizás fue por alguno de los artículos que publiqué a finales del año pasado. Estaba convencida de que me gustaría. Pero se equivocó, a medias. Ahora soy yo la que os confiesa que tenía muchas ganas de terminar el libro por tres motivos: por desvelar el final, descubrir los personajes reales, (sabes que son históricos) y porque se acabase. Es una novela densa. No vale para el verano, ni para cuando necesitas desconectar sin prestar atención. Es perfecta para meterte en los burgueses salones del siglo XVIII, recargados, con esculturas clásicas en cada hueco y pesadas cortinas de terciopelo rojo.

El Amante del Volcán es una reflexión de la sociedad de aquella época a través del triángulo amoroso que forman sus tres protagonistas, conducida por los pensamientos de Il Cavaliere. Invita, en algunos de sus capítulos y sin previo aviso, a las demás partes de la historia. Les permite expresar su opinión de la historia, pero siempre parece controlar desde un segundo plano que todo siga en armonía. La presencia de Il Cavaliere marca el avance de la narración, de la misma forma que lo hace con la historia. Es un protagonista al que llegas a respetar y admirar. Es distante, pero todo un caballero. El final es bueno, sobre todo porque en el último capítulo la autora permite que sean ellas las que hablen, las que destapen las injusticias. Y es que, como afirma GoytisoloSontag es una "mujer de gran compromiso moral" que medita sobre la situación de la mujer, sobre la revolución que se gestó en aquellos años y en las distintas concepciones del arte. Algo que me llamó la atención.

Las reflexiones sobre el arte y el coleccionismo. O el arte del coleccionismo. O el coleccionismo de historias, según confesaba Saramago en aquella presentación de 1995, pues él también es amigo de la autora, y no quiso perdérselo. Para él, la novela es mucho más simple (o complejo): una reflexión en torno a la muerte. No son pocos los personajes que están cercanos a ella, incluso los que irremediablemente la sufren. Llega un momento de la historia en el que Sontag dice que todos los que hacemos listas de las cosas somos, en cierta forma, coleccionistas. Me pregunto si yo, que adoro hacer mil millones de listas diarias, que llevo una en el móvil para cada cosa que se me ocurre, que soy asidua a Instagram para coleccionar momentos, a Pinterest para todo lo que no quiero que se pierda. Que dispara su cámara para que no se olviden mis días, o incluso que os escribe aquí para que quede constancia, no soy en cierta forma, eso, coleccionista.

Sontag presenta al inicio de la narración tres historias con escasez de diálogos, lo que hace que sea muy espesa. Yo, que prefiere siempre escuchar las historias en las bocas de sus personajes; que le encanta leer teatro. Fue difícil no dormirse en algunos viajes en tren, lo admito. Y para empezar con ella el año 2014, todo un desafío. Lo más gracioso es que, cuando lo acabé, me entraron aún más ganas de seguir devorando libros. Una novela que roza el ensayo, muy estética. Y aún a pesar de ser todo una prueba a mi paciencia lectora, repito, un buen final, porque por fin, puedes dedicarte a investigar en Google a los personajes. Il Cavaliere ya tiene nombre y, por tanto, todos aquellos personajes que le acompañan en la historia. ¿Quieres leer el libro y descubrirlo o te adelanto quienes son? Te lo digo. El embajador británico en NápolesSir William Hamilton. Su segunda esposa y el Almirante Nelson. Sí, ese Nelson. ¡Ah, y el volcán, el verdadero amante de Il Cavaliere! 

viernes, 14 de febrero de 2014

Regalos sugeridos por San Valentín

Si tú fueses mi enamorado, hoy podrías regalarme... 

Porque soy práctica,
un disco duro externo ilimitado. Seguro que lo encuentras. Y cuando sepas cómo hacerlo, podrías copiar la fórmula en materia de tarjetas de crédito. No es porque lo quiera todo, pero imagínate lo feliz que me tendrías y lo tranquilo que tú estarías dejándome tener esa tarjeta. Acabas de encontrar la base de una relación eterna. El disco duro tiene una explicación más sencilla. Cada vez me engancho a más series de televisión, (tengo que llevar una lista de actualizaciones en el teléfono porque me bailan hasta los capítulos que me tocan) y cada vez son más las películas que no quiero eliminar del ordenador. Algunas incluso para poder ver sólo alguna de sus escenas, soy todo romanticismo. Una semana en el Crucero de Disney. Y no te pido quince días en el Parque de California, fíjate tú mi consideración. Siempre necesito escaparme, aunque acabe de volver, y ahora ponerme el bañador o pasearme en albornoz por cubierta es lo que más me apetece. Igual me cruzo con un Leo Dicaprio versión 2014, (es decir, en su papel de El Lobo de Wall Street pero en la película equivocada) y para el año que viene te liberas de ser mi San Valentín. Lo echarás de menos, pero la vida sigue. Tampoco hace falta que salgamos de Madrid, que el sábado ya tengo planes. Una tarde en la Exposición de Cézanne en el Museo Thyssen-Bornemiza con merienda en Madame Framboise incluida también es un acierto. 

El libro The Anatomy of Fashion de Colin McDowell para esas tardes que nos quedan por ver llover, (¡qué no sean muchas por favor!). Porque no todas podrán dedicarse a las visitas culturales. O una tarjeta de diez entradas de cine, yo elijo la película, la sesión y la compañía. ¡No estés tan seguro de las cosas! Empezaría por Doce Años de Esclavitud, que dicen es firme candidata a los Oscar. Seguiría con mi madre y Agosto, y quizás, terminaría con mi hermano y The Monuments Men. No dirás que no te lo advertí: el puesto, hay que ganárselo. Si puedes conseguir que en esta última venga el mismo George Clooney a ponerme los subtítulos; entonces sí, lo has logrado.

Las gafas de sol de Carrera, transparentes con lentes espejo en naranja y fucsia, del verano pasado, que aún sigo obsesionada. Si las consigues, pasarás de simple enamorado a héroe, y créeme, hay matices. Y si no, un fin de semana en Londres para ver la obra de teatro que allí está representando Jude Law o la exposición que actualmente tiene David Baley en la National Portrait Gallery. Yo pongo la cena, que algunas recomendaciones me traje de allí. ¡Una caja de Ben's Cookies! De cualquiera de las tiendas que tiene en la ciudad. 

Y si lo que quieres es que sea yo quien acabe pidiéndote matrimonio de forma inmediata, ya sabes, lo de siempre: Amazona de Loewe, el bolso mítico de la casa de moda española. Un sueño. Como el que tengo ahora. Un buen café. O dos. O la cama, el mejor regalo. Y si entras, no molestes, por favor. 

sábado, 1 de febrero de 2014

Instagram resume Enero

El libro que acabo de leerme reflexiona sobre el arte del coleccionismo. Y el arte de hacer listas, porque es otra forma de coleccionar, dice. Me gusta revisar mi álbum de Instagram (culpable, en parte, del abandono de este blog). Me gusta ver a qué dedico mi tiempo. Dónde estuve, dónde estoy. Instagram me ayuda a construir listas con etiquetas. Y eso, a mi me encanta. Quizás sea yo un poco coleccionista. Instagram me ayuda además, a resumirte enero. Mi enero de 2014.

La primera escapada del año. El tradicional Roscón de Reyes (manjar de dioses). El esperado Balón de Oro, que llegó al Bernabéu. Y la vuelta a la rutina: esa que te obliga a vestir como una señorita y la que te impone un café enorme cada mañana, periódico en mano y agenda apretada. Las noches de cine clásico con tu madre o las infusiones que descubres con ella. Un brunch gracioso con las mejores amigas y una noche con el que te visita desde Nueva York, para descubrirte un Madrid de dinosaurios que no conocías.